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Las lecciones del triunfo de Abelardo De la Espriella
04/06/2026 Autor: Revista Panal


El domingo se celebró la primera vuelta electoral en Colombia. El resultado sorprendió a muchos, pues Abelardo De la Espriella obtuvo cerca del 44% de los sufragios, colocándose en el primer lugar de la contienda. En el segundo lugar quedó Iván Cepeda, candidato del petrismo, con aproximadamente el 41% de los votos. En contraste, Paloma Valencia, candidata del uribismo, quedó relegada a un muy distante tercer lugar. Si bien, desde hace semanas la mayoría de las encuestas anticipaban una segunda vuelta entre De la Espriella y Cepeda y ya mostraban una tendencia desfavorable para Valencia, el que tuviera solamente el 6% de los votos no se esperaba. Es cierto que su candidatura comenzó a perder fuerza de manera sostenida desde hace un mes aproximadamente, pero su desbocamiento es de estudiarse.

Lo que inicialmente parecía una contienda de tres y una intensa disputa por el segundo lugar, cambió radicalmente. El resultado final refleja una marcada concentración del voto en dos grandes fuerzas políticas, dejando poco espacio para una tercera opción competitiva. Sin embargo, sería un error concluir que el uribismo ha desaparecido; la realidad es que sigue siendo una fuerza viva e influyente. No obstante, esta elección deja varias lecciones importantes:

La primera. El fenómeno de los candidatos antisistema y disruptivos continúa ganando terreno en distintas regiones del mundo. Un empresario que irrumpió en la política en 2025, sin trayectoria previa en cargos públicos y sin estructuras partidistas tradicionales, logró construir, en muy poco tiempo, una candidatura altamente competitiva, a través de un discurso de fuertes contrastes.

Sus propuestas: poner fin a las negociaciones con grupos terroristas, endurecer las penas como lo hizo Bukele, el derecho a la libre portación de armas, la defensa de los valores tradicionales y su oposición a los postulados del progresismo —como el aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario, la agenda de género y el ambientalismo— encontraron una profunda resonancia en amplios sectores del electorado colombiano.

La segunda. Frente a un mundo en el que el péndulo parece venir de vuelta con enorme fuerza, tras una década marcada por el avasallamiento de la cultura woke, los candidatos moderados, centristas y de posturas ambiguas han comenzado a perder terreno. Las sociedades demandan definiciones claras y respuestas contundentes ante problemas que consideran prioritarios, como el narcoterrorismo en América Latina; la migración descontrolada en Europa; y/o, los efectos de la “occidentalización” (como llaman a la influencia del wokismo en sus sociedades) en algunas regiones de Asia.

Este fenómeno ha llevado a numerosos electorados a dejar de lado a los candidatos percibidos como tibios y/o vacilantes y a respaldar a aquellos que transmiten determinación, convicción y claridad en sus propuestas. En un contexto de creciente descontento e incertidumbre, los liderazgos que prometen transformaciones profundas y posiciones firmes frente a los grandes desafíos mundiales, regionales y nacionales, conectan con mucha mayor fuerza con los votantes.

Tercera. El partidismo tradicional parece estar quedando relegado. No necesariamente está desapareciendo, pero sí está en coma, frente al surgimiento de nuevas ofertas políticas. Los electorados cada vez están más desencantados con los partidos históricos, y están optando por alternativas nuevas, pues éstas sí generan expectativas de cambio. E incluso, en casos como el de Estados Unidos, donde Donald Trump alcanzó la presidencia bajo las siglas del Partido Republicano —un partido político con más de dos siglos de existencia—, el verdadero motor de su ascenso fue el movimiento MAGA (Make America Great Again). Y es que, si bien Trump se valió de un partido tradicional para competir electoralmente, lo que realmente movilizó a millones de votantes fue un movimiento relativamente reciente, con identidad, discurso y objetivos propios.

Cuarta. Por último, cada vez veremos más candidaturas desfondarse y al "voto útil" cobrar mayor fuerza y relevancia. Ya no será un fenómeno que defina elecciones cerradas, sino un hacedor de mayorías contundentes. Y es que, el mundo está claramente dividido en dos bloques ideológicos, una realidad que se replica en las distintas regiones, países e incluso comunidades. Esta dinámica provoca que, dentro de un mismo espectro político —izquierda y derecha—, una candidatura termine consolidándose por encima de las demás, mientras las otras pierden impulso hasta caer a un abismo.

El caso de Paloma Valencia es un ejemplo claro: fue la candidata más votada en las elecciones primarias en Colombia e inició la contienda prácticamente empatada con Abelardo De la Espriella. Sin embargo, al no lograr consolidarse como el segundo lugar en las encuestas, su respaldo comenzó a desplomarse. Pasó de registrar poco más del 20% en las preferencias electorales a arañar apenas el 6% de los votos el día de la elección; quedando muy cerca de algunas fuerzas políticas casi marginales.

De la Espriella tuvo todos los elementos necesarios para imponerse en las urnas: una personalidad disruptiva que, por ejemplo, no vimos en Rafael López Aliaga en Perú; presentó una agenda y un discurso de marcado contraste frente al petrismo; supo diferenciarse de otras opciones de derecha y de centro que optaron por posiciones más moderadas, de frente a un electorado que demandaba respuestas firmes y definiciones claras. A ello se le sumó la construcción de un vehículo nuevo, capaz de despertar un genuino sentimiento de esperanza y cambio. Todo esto ocurrió, además, en un contexto de profundo desgaste social, económico y político, mismo que llevó a millones de colombianos a respaldar su candidatura de manera masiva, pues el hartazgo hacia el petrismo es claro.

Por ello, seguramente veremos a un De la Espriella ganar contundentemente dentro de tres semanas; con una ventaja muy superior a la esperada. Así, su triunfo se sumará al de líderes como Bukele, Milei, Trump, Noboa, Kast y otros, que han capitalizado (y hasta impulsado) este movimiento tan violento del péndulo.

David Agustín Bogus Belgodére
X. @LibertarioMexa

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